De Paul Auster al contenido interesante marginado por la audiencia

El share que dan los datos de Sofres lo domina todo. Así está pensado el modelo de negocio de la televisión en España. Unos números dictan que se ve y que no se ve, a las horas en las que la gente seguramente va a estar delante de la televisión… y cuando no lo está. Como lo que se destila en televisión es el contenido morboso y el cotilleo de patio de escalera, no es extraño ver y escuchar en el programa de Ana Rosa frases como las que destaca Javier Pérez de Albéniz en su columna en soitu.

“En las imágenes se ven las pistolas, como apuntan en la cabeza al director del banco y todo tipo de agresiones. Se ve todo”, dice el necrófago oficial del programa de AR. “Y son imágenes reales, no es una película”, asegura Ana Rosa.

La legión de colaboradores que se mueven para buscar ese contenido social que se supone gusta al espectador, eso dice el share, pero todo el mundo reniega de lo que allí se cuenta (mi amigo de televisión dice que cuando más se ve a Ana Rosa es justo antes de que salga Arguiñano, que éste es el verdadero líder de las mañanas…). Seguramente esta entrada tendría más éxito si en vez de Paul Auster colgase una fotografía de Ana Rosa, o apareciese su nombre en el título de la entrada… (continuación en ¡Vaya Tele!).

Las falsas impresiones de los episodios pilotos

Ahora que ya no escribo en ¡Vaya Tele! (así, entre signos de admiración, que la gente siempre se olvida de ponerlos), la crisis manda y hay que hacer sacrificios en favor del resto de compañeros, no he recuperado ninguno de los textos que allí hice y que más me gustaban, por cierto. Como en la recopilación que estoy haciendo de todos mis escritos, me pongo manos a la obra con aquellos dedicados a la televisión, empezando por una entrada que escribí en ¡Vaya Tele! hace tiempo, y que viene al pelo, no sólo para sacar a relucir la nueva promoción de ‘True Blood‘, sino para ratificarme en lo que allí defendía, más tras la rectificación de Espoiler con respecto a esta serie y su mala crítica tras ver el pre-air. En concreto con esto:

(…) Por eso me extraña la entrada de Espoiler sobre sus expectativas para el 2008 (aunque reconozco que acierta más que falla en sus recomendaciones), valorando algunas series de las que ya ha visto varios episodios con aquellas en la que sólo ha visto el episodio piloto. Pensado fríamente, no es sostenible, porque al menos las que suspende necesitaría llegar a darles al menos tres capítulos para sacar conclusiones, como ha hecho con las que sí le han gustado. O en caso, contrario, valorar sólo el primer episodio de cada una de las series, para estar en igualdad de condiciones. Y en ese círculo, volveríamos al origen de esta entrada.

Todo necesita un tiempo de reposo, y más con las series, como el cine, lo bueno acaba sobreviviendo. También, estas palabras sirven como recordatorio para indicar que escribiré, en este diario que toca tantos temas, sobre televisión. Principalmente para no perder la forma.

El título de la entrada a la que me refiero, La esclavitud del episodio piloto, y el texto con más de un año de vida decía lo siguiente:

Hablaba con un amigo que trabaja en la televisión, sobre cómo hacían ellos para comprar las series extranjeras que luego programaban, y por qué, si habían apostado por ellas comprando la emisión de las primeras temporadas, luego maltrataban de manera tan cruel su emisión en su canal.

La conclusión que saqué al escuchar su respuesta, es que viven bajo la esclavitud del episodio piloto, que es la misma que tienen las productores que intentan vender sus proyectos de series a las cadenas americanas que pueden llegar a emitirlas. Es decir, todos viajan a Las Vegas o Los Angeles, al mercado televisivo que allí se monta, y van viendo uno a uno todos los episodios pilotos de las series que pueden llegar a ser de interés al público español. Y mi pregunta va en el siguiente sentido: ¿cómo saben ellos, con sólo ver el episodio piloto, cuál va a ser la calidad de la serie, y la respuesta que su público objetivo va a tener sobre la misma?… (continuación en ¡Vaya Tele!).