La difusión de la innovación

Mario se hace eco de la última columna en Technology Review de Michael Schrage en su post, innovation diffusion. En su entrada, Mario destaca que «innovación no es algo que los innovadores hagan; es lo que los mercados, sus clientes, las personas adoptan.» Es decir, le da una gran importancia a algo que aquí no habíamos tratado, cómo difundir la innovación. Y a partir de la columna de Michael Schrage, Mario reflexiona sobre la importancia de la difusión de la innovación, que expone perfectamente en este párrafo:

«La innovación no trata de ideas felices sobre deslumbrantes artefactos tecnológicos -eso es sólo la mitad de la historia. Cuando hablo de innovación con un cliente, hablo de cómo acelerar la difusión de esas maravillas en un mercado real, formado por personas reales que harán suya esa tecnología, cambiando su comportamiento o, incluso, sus valores: su forma de entender la vida. El estudio de formas más eficientes, más eficaces – mejores, en definitiva – de introducir, distribuir, asentar en los mercados las innovaciones desarrolladas debería ser una preocupación de primer orden para cualquier empresa que vaya en serio con respecto del I+D+i. Es más, cualquier política de impulso de la innovación que no contemple medidas para acelerar la comercialización de los nuevos o mejorados productos o servicios fracasará miserablemente. Una innovación no lo es hasta que no es adoptada por los usuarios: y eso es lo que cambia el mundo.»

Y concluye su reflexión con un respaldo a la ‘sharing economy’: «En realidad, el acceso fácil a las ideas genera ‘consciencia’, pero el acceso fácil a la innovación -ya sea tecnología, ya sean métodos o conocimiento técnico- promueve oportunidades reales de cambio.»

Completamente de acuerdo contigo Mario. A los que os vaya interesando el tema de la innovación conviene que le leais a menudo.

Eduardo Montes y la deslocalización en una sociedad innovadora

El pasado domingo se publicó en El País de los Negocios una entrevista con Eduardo Montes, presidente de Siemens España. En la entrevista, Eduardo Montes, que es un excelente conferenciante y ocasional profesor en el Instituto de Empresa, dice cosas a tener muy en cuenta, y en especial sobre innovación. De todo lo que comenta en la entrevista, hay que echarle un vistazo a esta reflexión sobre la deslocalización:

«Cada vez hacemos más I+D+i en España porque se dan las condiciones (…) Ahora bien quiero dejar claro que soy un firme partidario de la deslocalización. Somos un poco incoherentes. En los años sesenta y setenta la economía española estaba en una posición delicada. Y salimos del bache gracias a que Alemania, Francia e Italia, deslocalizaron hacia aquí el sector del automóvil, y se crearon miles de puestos de trabajo. Y eso es la base de la industria española. Lo que me parece muy insolidario es decir: ‘Bueno, ahora que me toca a mí no lo hago’. Pero es que, además, lo que pasó en países que habían deslocalizado es que encontraron en España un mercado espléndido porque se generó riqueza, y ellos automáticamente elevaron su nivel de valor añadido. Pues aquí hay que hacer lo mismo. Lo que no genere valor añadido -porque España no es ya un país barato- por solidaridad y por generar nuevos mercados hay que transferirlo. Y, sin embargo, aquí, centrarse en formación, en innovación… Ésas son las reglas del juego. España ya no es un país que está a la cola. No hay que competir con Lituania, sino con EEUU, Alemania, Italia… Ésa es nuestra liga porque somos la octava economía mundial.»

El camino es claro. La deslocalización no es el ogro, supone valorar nuestra industria de otra manera y lo que implica para una sociedad… el hecho de entrar en la primera división. Si queremos seguir siendo competitivos, el camino nos lleva irremediablente hacia la deslocalización, pero invirtiendo en formación y apoyando la innovación. Es decir, formando parte de la sociedad de la información. Y aquí, desgraciadamente seguimos estando atrasados. Por eso el miedo que provoca escuchar la palabra deslocalización. Otros países ya pasaron por ello, y son de las economías más competitivas del mundo. Es pura evolución.

Innovar también es saber adaptarse al entorno, tanto cuando entra un gran competidor en tu mercado o zona de influencia, como cuando éste se va, llevándose consigo su poder de convocatoria. Me gusta este ejemplo que plantea Gurusblog, cuando las grandes superficies se van. La idea es no quedarse quieto, evolucionar y aprender. Y más si eres un pequeño comercio. Al final vienen las sorpresas agradables, como cuentan en la entrada.

Personas e innovación, por Luca Cordero di Montezemolo

Leí recientemente en El País Semanal una muy interesante entrevista con Luca Cordero di Montezemolo, presidente de la patronal Confindustria, Ferrari (que volvió a hacer grande) y ahora también Fiat. A lo largo de la entrevista dice cosas a valorar y tener en cuenta, como por ejemplo donde estuvo la clave del renacer de Ferrari:

«Nuestro secreto fue el coraje. Pocos se atreven a invertir en investigación y en desarrollo tecnológico cuando el balance está en números rojos. (…) Renovamos por completo el producto, buscamos a los mejores proveedores del planeta, ensayamos materiales novísimos, mezclamos a trabajadores veteranos con trabajadores muy jóvenes, les proporcionamos formación… Nunca hay que desaprovechar a un hombre mayor: su experiencia vale.»

Lo que más me ha llamado la atención es el final de la cita. El reconocer el poder del conocimiento de las personas mayores y como transmitir su conocimiento a los jóvenes que entran. Esto también es innovación (recordar la importancia de compartir conocimientos, que es el valor añadido de los mayores, entre las claves de la innovación). Otros empresarios, en cambio, prefieren jubilarlos o bien desprenderse de ellos… y luego explicar que es por el bien de la sociedad. Para mí es por el bien de sus bolsillos.

Pero, la entrevista continúa y nos topamos con esta otra idea, que es una declaración de intenciones:

«Yo, como empresario, digo siempre a los otros empresarios que lo único importante son tres cosas: nuestros hombres, nuestros productos, nuestros clientes. Detrás de estos tres temas está toda nuestra vida profesional. Los hombres son el patrimonio más importante de una empresa: tengas cinco colaboradores o miles de empleados, debes formarlos, delegar responsabilidad, motivarlos, organizarlos correctamente. Después están los productos: innovación, investigación, packaging, marketing…, hagas macarrones, muebles o coches. Y finalmente los clientes. Hay que anticipar hacia donde van los gustos de los clientes.»

Al final del camino están los clientes, y para llegar a ellos, antes están las personas y la innovación, que en la mentalidad de muchos directivos resultadistas, están en último lugar. ¿Serán estos los pilares donde deben asentarse las futuras empresas? Conviene no olvidar que la senda del beneficio es larga y antes hay que sustentar el camino. Son dos reflexiones a valorar, sobre todo la primera. Y creo que a este señor no le ha ido nada mal en su vida profesional con estos ideales.