Las ideas son gratuitas, el problema es como gestionarlas

Se suele pensar que las ideas tienen precio, cuando lo cierto es que las ideas son gratuitas. Obviamos que en ocasiones los que nos entregan las ideas son clientes que lo único que buscan es ser tenidos en cuenta, o que nos proponen recibir un servicio de una manera diferente de algo que ya se les ofrecía. La otra fuente inagotable de ideas gratuitas para la empresa son los trabajadores. Ahora bien, ¿éstas les escuchan o fomentan de la manera correcta su colaboración y entrega?

El vídeo muestra en plan paródico como son a veces las exigencias de la empresa para llegar a conseguir cierta colaboración de sus empleados. Las ideas que los trabajadores proponen la mayoría de las veces caen en saco rato en el buzón de sugerencias, cuando el mismo no debería exitir. No estamos en un club social o en un restaurante, aquí suelen darse colaboraciones entre jefes y ayudantes que deben hablar y ser escuchados, o en su caso, buscar la forma de incentivar un proceso dentro de la empresa en la que sus ideas sí les sean tomados en cuenta. Sería tumbar el principio de Henry Ford de que lo malo de los trabajadores es que vienen con un cerebro cuando yo sólo necesito un par de brazos. Sin embargo, el trabajo quien mejor lo entiende son ellos, y quienes pueden mejorarlo, son precisamente ellos.

Skunksworks es un término inglés que define el lugar o las personas que trabajan en ese sitio diseñado para incentivar a los trabajadores de las grandes compañías para que creen o vengan con nuevas ideas creativas. En algunas casos, se ha comentado que el mejor modelo a utilizar sería el de Silicon Valley en la época del boom emprendedor, y quizás fuese válido, aunque conviene analizar otros ejemplos. El planteamiento en ese lugar consiste en usar un pequeño equipo al que se le saca de su lugar de trabajo habitual y se le da libertad para hacer lo que crea más conveniente dentro de la organización y bajo unos parámetros de gestión.

El primer caso conocido es el que tuvo lugar en la compañía Lockheed Martin durante la segunda guerra mundial… (continuación en El blog salmón).

La gestión del tiempo de los clientes

Por puro sentido común, se entiende que una de las prioridades de la empresa es tener contentos a sus clientes dándoles el mejor servicio posible. Lo que muchas veces no se tiene en cuenta por su parte es gestionar el tiempo de los mismos. Si uno se pone en situación, tiene experiencias en las que ha tenido que soportar mucho tiempo de espera por una mala gestión. Lo peor reside en que ciertas empresas no aplican el mismo valor que dan a su tiempo, con el que dan a sus clientes, cuando en realidad, y a la hora de un servicio, ambos tienen el mismo valor. Luego, lo más curioso radica en que muchas de las reclamaciones que se producen están relacionadas con el problema del tiempo de espera, más allá de que la contrapartida obtenida sea buena o mala, que a la larga es lo que de verdad tendría que importar. Por lo tanto, estamos ante un fenómeno más sociológico que económico.

Una de las cosas que se me quedaron grabadas del curso de postgrado, a parte del consejo de “saber escuchar”, fue la gestión de colas, con base más de sociología que de management. La idea tras esta teoría reside en hacer esperar al cliente, público o usuario, el menor tiempo posible o que esa al final sea su percepción. Para eso se inventaron las citas previas, o las reservas de teléfono, pero no sólo es eso, también está en hacer más entretenido el tiempo de permanencia previo a recibir el servicio. En estos casos se piensa siempre en restaurantes, de donde surgió la idea. Así, tenemos los ejemplos de McDonalds y Burger King, que basan su fuerza en gestionar de una manera eficiente el tema de las colas (de su estudio surgió la variante del “drive thru”). Es decir, que uno va allí porque sabe que en poco tiempo va a tener a su disposición alimento. Obviamente preparar a las empresas para gestionar las colas y, en consecuencia, dar un buen servicio requiere de unos costes que las empresas no suelen considerar como prioritarios.

Me pongo a pensar en otro ejemplo, que me vino a la cabeza durante la lectura de Groundswell, la sala de espera de las sesiones de radioterapia o quimioterapia para los enfermos de cáncer… (continuación en El blog salmón).

¿Qué es la Tasa Tobin y cuáles son sus problemas?

Fueron los movimientos antiglobalización los que recogieron las propuestas dictadas por la Tasa Tobin, convirtiéndola en el símbolo de la lucha contra el libre comercio. Sin embargo, la paradoja radica en ese reconocimiento, que como comentó el propio James Tobin, “el aplauso más sonoro proviene del lado equivocado“. Poniéndonos en situación, recordemos que en 1972, durante un coloquio, este universitario keynesiano, poco después de que la administración Nixon sacará a los Estados Unidos del sistema de Bretton Woods, sugirió un nuevo sistema para la estabilidad internacional de las divisas, imponiendo una penalización a las mismas.

Lo curioso es que con la que ha estado cayendo en los mercados financieros, la tasa Tobin ha cobrado de nuevo actualidad como una herramienta para controlar esos mercados, que desmadrados por la especulación, buscan incorporar controles a los movimientos de capital. En esencia, cuando el concepto fue definido, la tasa Tobin consistía en un impuesto especial sobre cada una de las transacciones financieras, especulativas, en las operaciones de cambio de divisas.

Lo que James Tobin proponía en realidad era una tasa impositiva de entre un 0,1% – 0,25% sobre el importe de la transacción realizada. El objetivo era desestimular el flujo de capitales para operaciones a muy corto plazo. La tasa perseguía contrarrestar la ganancia obtenida, que en este tipo de operaciones siempre es muy reducida. En palabras del propio Tobin, “echar arena al aceitado mecanismo de las especulaciones que hacen viaje de ida y vuelta en días o pocas semanas“. Claramente la cabeza se nos va directa a los instrumentos financieros complejos, de alto riesgo y alta volatilidad (hipotecas subprime). ¿Y por qué? Simplemente porque la ganancia real en este tipo de operaciones se consigue por la velocidad a la que se mueve el capital en cuestión. Como son varias las personas o entidades que están implicadas en estas operaciones especuladoras, hasta el punto de realizar varias operaciones en el día. Al tener que pagar la tasa Tobin por cada una de las operaciones realizadas, los intermediarios se pensarían mucho llevar a cabo esos movimientos cortoplacistas, principalmente por el hecho de que sería complicado obtener algún tipo de ganancia. Si el movimiento es a un año, la operación no se vería afectada por ningún tipo de imposición, no estaríamos ante algo próximo al riesgo… (continuación en El blog salmón).

La piratería no es sólo el problema de la experiencia de ir al cine

La ministra Sinde cree que el paulatino descenso en el número de espectadores que van a las salas de cine en España se debe a la piratería. Incluso tiene la convicción que las descargas en Internet son la causa y efecto de esa tendencia negativa, y lo que es peor, que afectan en alto grado a que el cine español sea poco visto. Aquí, antes de entrar a repasar el resto de los problemas que tienen que ver mucho más que la manida piratería, me hago una par de preguntas: ¿qué pasaría si las películas que no son rodadas en español se viesen en su idioma?, ¿se verían las películas españolas beneficiadas en la asistencia a las salas donde se proyectasen? Pues eso.

Volviendo a la razón de ser de esta entrada, encuentro un estudio realizado en siete ciudades americanas y tres europeas a cargo de PA Consulting y la Motion Picture Association of America, donde se indica que el descenso global en la asistencia al cine no sólo es consecuencia del resultado de un contenido pobre, sino que es una combinación donde la experiencia de ir al cine se ha vuelto no satisfactoria, y que además, se ha incremento la competencia entre las opciones de ocio que escoge el consumidor para compartir su tiempo y su dinero.

Por tanto, conviene fijarse en lo que supone de verdad a día de hoy la experiencia de ir al cine, porque es ahí donde encontraremos enumeradas las 10 razones que están causando la muerte del cine, historias y marketing de las películas a un lado. Una evidencia, la piratería ocupa el último lugar de la lista. ¿Y las otras nueve?… (continuación en blogdecine).

Debate sobre la necesidad de una televisión pública

Ahora que el presidente Zapatero se propone instaurar una televisión pública sin publicidad, financiada mediante un canón a pagar por el resto de las televisiones privadas, recupero una entrada escrita en ¡Vaya Tele! hace tiempo que apuntaba hacia un debate sobre el sentido, en la sociedad actual española, de una televisión pública tal y como nos la dan hoy en día. Mi posición era clara y, con el paso de los meses, no ha cambiado lo más mínimo. A continuación os dejo con mi reflexión.

Propuso ya hace un tiempo Gonzalo Martín un debate sobre el sentido de la televisión pública en estos tiempos de Internet que vivimos. Mi postura es clara, a día de hoy, un no rotundo a la televisión pública. Tal y como está pensado el modelo de televisión pública en España, en clara competencia con el resto de televisiones en abierto en cuanto a programación no le veo sentido. La televisión pública debe primar la calidad por la cantidad, y más cuando vive en su mayor parte de las subvenciones. Si hace su trabajo a conciencia, mucho de los programas que prepare tendría su posible venta en el exterior, pero así no.

La virtud de los modelos de la BBC radica en que proponen un tipo de televisión que mima al espectador, y en cierta forma se debe al canon que pagan para financiar a este canal, y si no gusta tendrán quejas. Se emiten programas de interés público que no tendría cabida en otras televisiones, que no se deben más que a sus cuentas, pero que hacen lo que quieren porque son privadas en abierto. Ellas no se deben a la calidad del producto sino al nivel de audiencia. Con el paso de los años, uno ha comprobado que los mejores programas (y aquí no entra la variable audiencia), se han podido ver en los canales de pago, con los programas que uno esperaría ver en la televisión pública (documentales, cine clásico, programas culturales, de economía, reportajes, viajes, buenas series…), y en el caso de que hubiese algo que no gustase, al pagar el cliente estaba en su derecho a quejarse, hasta el punto de que si no le satisfacía renunciaba a seguir con el canal. De ahí el interés de mimar a sus clientes / audiencia.

En la televisión pública española, que curiosamente todos los españoles financiamos de manera encubierta, sin conciencia de hacerlo, y ante un modelo de televisión de pago no reconocido, de la que no podemos emitir ningún tipo de queja, ni amenazar con irnos sin pagar la cuota. Esa sensación de privacidad encubierta con el modelo de financiación aprobado, me hace ver que no tiene ningún tipo de sentido que siga existiendo TVE tal y como está pensada hoy en día.

Si se da más de lo mismo, y al mismo nivel que otros canales en cuanto a tipo de programación, el valor de servicio público de la televisión pública termina siendo un eufemismo. Y lo peor, es que en líneas generales, servicio público para muchos espectadores, es ver el fútbol en abierto, más allás de ser la voz del gobierno de turno. La idea, en realidad, no es esa. La virtud del archivo histórico de TVE es la posibilidad de acceder a él en Internet, y quizás ahí sí tenga sentido la validez de un modelo de televisión pública que respeta la razón por la que fue creada. Es decir, si existe la televisión pública de verdad, agradecería que alguien me lo dijese. De ahí mi negativa.

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