De Telefónica a la ley del libro: ¿globos sonda?

Quería dar mi punto de vista a los dos asuntos del título, que afectan principalmente a la información que es la base del conocimiento y en consecuencia mueven los cimientos de la innovación, pero lo que pienso con respecto a la nueva propuesta de Telefónica respecto al ADSL no discrepa mucho de lo que piensan Esteban, Pablo y Enrique. Y con respecto al tema de la supuesta nueva ley del libro tan sólo leer lo que comenta Pablo, que pone el dedo en la llaga, en una entrada original, divertidísima (el imaginado diálogo de la ministra es genial)… tremenda. Es de lo mejor que he leído en estos dos últimos meses, y a lo que poco se puede añadir. Sólo una pregunta a los ministros, ¿si esto fuera una empresa, cómo hubiera terminado la persona que habría propuesto la innovación? ¿Gran parte de los beneficios de los pequeños libreros vendrá por la venta de libros de texto o será porque estos terminen dándose cuenta de que o se especializan o terminan fuera del mercado? Se sondea dejando caer un comentario en una rueda de prensa (y depende la emisora de radio), pero nunca con una ley, que en una sociedad en libre mercado pone puertas al campo. No vaya a ser que luego te tomen por el pito del sereno.

Miedo a la innovación y los revolucionarios

Encuentro esta interesante entrada que escribe Oscar en su blog, Apple bit, valorando el valor del teletrabajo y como este repercute tecnológicamente a un país. Termina hablando de innovación, y en concreto comenta algo que no sólo ocurre en España, aunque estoy de acuerdo con la opinión que expresa sobre nuestros directivos:

«…el principal de los problemas es la baja calidad y formación de la mayoría de los directivos y empresarios. Sólo cuando éstos consigan superar su miedo a la innovación y al desarrollo de sus subordinados podremos empezar a pensar en equiparar nuestra economía a la de otros países europeos.»

El ritmo de la innovación debe provenir de una vía de doble sentido: de empresarios a empleados, y de trabajadores a directivos. En este sentido, sirve como guía lo que se comenta en estos libros, Ideas are free y en Free prize inside, (me doy cuenta de que debo hablar de los libros que he leído este verano), donde se establece que la innovación es fruto de un trabajo en equipo y del establecimiento de una disciplina o un método dentro de cada empresa que lleve a desarrollar las buenas ideas que sólo el trabajo logra sacar a la luz. Algún autor habla de hacer algo parecido a lo que fue la gestión de la calidad en los años 80.

Y en ese ir y venir de arriba a abajo, que es el flujo de la innovación, como explica Gary Hamel en este viejo artículo, ésta se debe establecer como una ‘deep capability’ dentro de la organización, aunque la innovación proceda de revolucionarios que se tienen que enfrentar al sistema (los directivos que no ven el beneficio de llevar a cabo lo que les proponen). De esto habla Gary Hamel, en su ya viejo libro Leading the revolution, donde a parte de intentar presentar un modelo para gestionar la innovación, al estilo del TQM, presenta el ejemplo, en la mejor parte con diferencia del libro, de dos revolucionarios como Ken Kutaragi, creador de la Playstation, un proyecto en el que los directivos de Sony no mostraron ningún interés y inexplicablemente dejó escapar también Nintendo, y ahora verdadero motor del crecimiento de Sony, y David Grossman y John Patrick los empleados que llamaron la atención de Louis Gestner, por aquella época su CEO, y que hicieron despertar al gigante IBM de su letargo (con el deporte, y la gestión de la información en la base). Vuelve la vía de doble sentido: la constancia (otro término a añadir a la lista) del empleado y la visión y el buen oído del directivo. Pero claro, ese buen oído del directivo debe proceder de alguna forma de pensar y actuar, y aquí me encuentro con un muy buen artículo de fast company, Dentro de la mente de Jeff Bezos, que explica como piensa y actua este innovador (que desconocía saber que era latino), y como se desarrollan los nuevas ideas e innovaciones en Amazon: trabajo en equipo y todas las opiniones cuentan, no sólo la de los directivos. Curiosa forma de ver las cosas, completamente opuesta a lo que se suele hacer en la empresa española.

Para terminar, resaltar la forma con que acaba el artículo de Gary Hamel del que he hablado en esta entrada:

«Radical does not mean risky, it means something that breaks conventions and has some chance of dramatically changing customer expectations and industry economics. They’ve essentially said to their divisional executives, «If you don’t bring in such projects, we are going to slowly starve you of capital, because Wall Street knows that it’s new ideas that create new wealth.» They realize that the ’90s are gone for good, and innovation is now the only option.»

El viaje es de ida y vuelta, largo y seguramente provechoso (la salud de la empresa lo agradece). Aunque soy de los que piensa también que ésta es la única alternativa.

El éxito de «La buena suerte»

Un ejemplo de que la innovación está de actualidad y que hablar de ella puede resultar ser muy rentable. El libro de Fernando Trías de Bes y Alex Rovira es un fenómeno (o una epidemia nacida de un cuento escrito en 8 horas) en toda regla. Los números son abrumadores: traducido a 35 idiomas, publicado en 65 países, 450.000 copias vendidas en Japón, 220.ooo ejemplares vendidos en España… en total casi 700.000 libros vendidos en todo el mundo. Y eso que todavía tienen que salir en algunos países. En resumen, un tipping point, y español.



Y es que resulta que en La buena suerte también se habla de innovación, algo que a Trías de Bes parece interesarle mucho. Así que miro entre los apuntes de este verano y encuentro un pequeño artículo escrito por Álex Rovira en el que habla de los 5 principios básicos en los que se basa La buena suerte. Uno de ellos es el principio de la confianza, del que escribe lo siguiente:



«Se divide en dos partes: confianza en uno mismo y en los demás, en el otro. Los que se consideran creadores de buena suerte aparecen como personas con buenas dosis de asertividad y autoestima. Los creadores de buena suerte viven al otro, a las personas que les rodean, como una gran oportunidad. Si algo caracteriza este principio es la ausencia de paranoia o el vivir al otro más como una amenaza que como una oportunidad de realización (…) Sin confianza no hay entrega, no hay intimidad, no hay apertura y, por tanto, no hay espacio para el diálogo y el intercambio de opiniones abierto y sincero, para la innovación o la creatividad. Sin ello, cualquier iniciativa avanza más lentamente y muere. La confianza es un valor fundamental.»



Así que ahora debo incluir otro término más a los que en este blog se han apuntado: confianza. Y ciertamente, sin ella es casi imposible hacer nada.



P.S.: Sigo sin comprender porque no han sacado un blog del libro. Volverían a dar un pelotazo.

Apple + Sony

Las empresas están que no paran, buscando la forma de no quedarse fuera del mercado. Si ayer se anunció lo de Netflix y TiVo, hoy, según leo en libertad digital, le toca el turno a Apple-itunes con su ofrecimiento a Sony para un acuerdo que revolucione el mercado de la música digital. Como bien apunta el artículo es la reacción de Apple frente a la tienda de música de MSN, aunque más bien es la reacción de Steve Jobs para que no le vuelva a suceder con el ipod lo que le pasó con el pc. Y es que cuando tienes éxito en algo, ipod, no paran de salirte los enanos.

Inquietudes

En la anterior entrada, Victor, con su comentario consigue enriquecer una entrada meramente informativa, dando nuevas y variadas definiciones a cómo debemos considerar la innovación, como algo más allá de una idea en acción.

Esto me hace recordar esta otra entrada, cocktail de ideas, donde quería demostrar que detrás de la innovación se encuentran, entre otras cosas, temas tan variados como saber gestionar la ignorancia, información, comunicación, experiencia, observación o el conocimiento, sentando las bases, como indicaba en la primera entrada de este blog, de que «la innovación no es algo repentino, y fruto de una idea brillante, sino al contrario, es trabajo y disciplina, e incluso, debería ser gestionada como cualquier otra función dentro de la empresa.» Pero, como bien me recordó Esteban con un comentario a la misma entrada del cocktail de ideas, me olvidé de otro factor importante: la inquietud.

Detrás de toda innovación y de innovadores como Dell, Jobs o Edison, sólo por citar algunos, existió algo que les movió a lanzar sus empresas: la inquietud por descubrir nuevas posibilidades, por progresar, por saber, por mejorar, por conocer… por entender que las cosas se pueden realizar de alguna manera diferente, por ser inconformistas… por llevar a cabo una nueva cultura de empresa.

Y si al innovador le mueve su interés por conocer lo que le provoca inquietud ¿Qué mueve a alguien a escribir un blog? ¿Y a la gente a escribir comentarios sobre lo que el blogger escribe? ¿Será la inquietud en ambos casos? ¿Pensar de diferente forma como para no aceptar lo que vemos o nos cuentan? Por eso la gente opina y expresa lo que piensa, ahora la red permite la libertad para dar rienda suelta a lo que nos inquieta o desasosiega… innovando a su manera.

Inquietud, me parece un muy buen nombre para un blog… y esto me da pie a una buena idea que tendré que poner en acción.