El éxito de las series está en verlas como megapelículas

Hoy en la entrevista de Carlos Boyero en El País, dejaba una de sus perlas a una pregunta acerca las producciones de la HBO:

(…) HBO me parece la creadora del mejor cine que se está haciendo, aunque el formato sea la televisión.

Confirmando lo que comenta Boyero, que cine como el de toda la vida, el bueno, sólo se hace en la actualidad en la HBO, recupero una entrada de ¡Vaya Tele!, en la que comentaba que en realidad las series de la HBO son películas de larga duración.

Todo arranca de Los Soprano y de cómo pensaron sus creadores que debería ser la serie. La novedad residía en que no estábamos con una historia unitaria por capítulo, ni en una mini serie dentro de la serie, sino que la misma debía entenderse como una película de varios días de duración. Así, cuando hablamos de Los Soprano, The Wire, Mad Men, El ala oeste de la casa blanca o A dos metros bajo tierra, lo hacemos relacionándolo con unas películas con una duración de 81 horas y 46 minutos para Los Soprano, 60 horas y 45 minutos para The Wire, 18 horas y 6 minutos para Mad Men, 111 horas y 56 minutos para El ala oeste y 57 horas y 45 minutos para A dos metros bajo tierra.

Visto así, es entendible el éxito que tienen la descarga de sus capítulos y la venta de las temporadas completas de las series. Seguir su hilo argumental semanal cuesta porque la trama engancha de tal forma que el cuerpo pide más, lo que motiva que en muchos casos las sesiones de visionado de las mismas se calculen por horas y varios capítulos de golpe. De ahí la preferencia de sus seguidores y que salvo en raras excepciones, la realización de estas series no tiene sentido fuera de lo que son el círculo de las televisiones de pago. Las películas no tiene el mismo tirón.

Por esa razón, a la hora del planteamiento de las series, incluidas las nacionales, la idea de convertirla en una megapelícula, con muchos hilos argumentales es un paso adelante. Aquí pienso en Desaparecida y su éxito. La serie, los productores la pensaron como una película difícil de estrenar en el cine, pero tenían claro que debía ser una megapelícula. Ahí la apuesta. Ojo que no se trata de seguir los pasos de un culebrón, como sería Sin tetas no hay paraíso, cuenta la calidad también. Aunque megapelícula debería ser un término a tener en cuenta. Y pese a quien le pese, es cine por televisión.

Vía | Kottke

Heigl y los actores que deciden dar el salto al cine

Mucho se estuvo hablando el pasado año sobre el posible abandono de Katherine Heigl de la serie Anatomía de Grey. El run run fue apareciendo desde los medios hasta los propios foros dedicados a la serie, y todo por el interés de la actriz en subirse al carro del cine, y que este tren al que ahora tiene oportunidad de agarrarse no se le pase. Al final, ha habido desmentido y Katherine Heigl seguirá dos temporadas más en la serie, que es lo que tiene firmado tras el aumento de sueldo que logró en la última revisión de contrato, y que a punto estuvo de dejarla fuera de la serie.

Una primera pregunta tiene que ver con el cansancio del actor con el papel que interpreta. El ritmo de grabación es intenso durante 6 meses, y supone estar esclavo de un personaje durante ese tiempo, lo que implica que llegados unos años todo actor se plantee qué hacer, y más cuando el éxito conlleva la llamada de Hollywood y el dorado que te venden con esto. Y esa es la pregunta que me planteó: ¿qué debe hacer un actor cuando su papel en una serie es importante y el cine llama a sus puertas? ¿Qué casos de éxito ha habido en el salto de un medio a otro? Si nos remontamos a papeles principales o protagonistas en una serie coral, el primer nombre que viene a la mente es el de George Clooney.

Yo, a este señor, le tengo como un tío muy listo, que aceptó protagonizar ciertas películas para darse a conocer, pero que ha sabido darse cuenta del error, y ha redirigido su carrera hasta lo que es hoy en día, un cineasta total. En el cambio ha ganado, dejando una serie en su plenitud de fama, y con un personaje carismático, pero él tenía claro lo que tenía que hacer. En el polo opuesto está su compañera en la serie ‘Urgencias’, Julianna Margalies, que decidió hacer lo mismo que Clooney, creo que dos temporadas después. Sin embargo, el resultado no ha sido todo lo que ella esperaba. Poco nombre en películas, muchas de ellas de poco éxito o desconocidas, para al final terminar de nuevo en el mundo de la televisión haciendo miniseries (el resto de actores que fueron con cuentagotas abandonando la serie, lo hicieron para enfocarse en proyectos de sus grupos teatrales, como ha sido el caso de Noah Wyle)… (continuación en ¡Vaya Tele!).

eTc: Lo que importa es la fidelidad del cliente

¿Cliente satisfecho o cliente fiel? ¿Importa algo la satisfacción del cliente? Esas son las preguntas que debemos realizar, reflexionando sobre cuál de los dos conceptos es el que en realidad debe importarnos. ¿Qué buscamos? ¿Satisfacción? ¿Fidelidad? La respuesta reside en saber cómo generar la fidelidad. Si el producto que ofrecemos forma parte de un monopolio, queramos o no, la fidelidad y la satisfacción serán lo mismo, pero cuando entra en liza el mercado en libre competencia, estamos en otro mundo. Y más si ahora es posible, gracias a Internet, que el cliente muestre su cabreo ante un servicio poco satisfactorio. Por eso es más importante, en el mundo en el que vivimos, la fidelidad y lo que este tipo de cliente, con las herramientas actuales a su alcance, y el poder de su lado, es capaz de proclamar a los cuatro vientos las bondades, o no, de algo… (continuación en el blog de territorio creativo).

Esto no es fútbol: Las 10.000 horas

Ese otro deporte no tan mediático también existe. Este fin de semana no sólo se jugaba la Copa Davis en España, también se estaba disputando el Campeonato de Europa de Atletismo en pista cubierta de Turín. Si unimos Europa y pista cubierta, a España le salían cuentas de posibles medallas, que al final es lo que atrae a quien no le gusta de verdad el deporte.

Pese a esa posibilidad de triunfos en perspectiva, al atletismo español le falta un Nadal que tire del carro. Una figura que atraiga audiencias como en Barcelona 92. Existe otro problema añadido: en España es imposible llenar un estadio, o pabellón si hablamos de pista cubierta, cuando se trata de una competición de atletismo. Uno ve por Eurosport o Canal + las cosas que se organizan en Europa central y siente envidia de los recintos llenos, del público aplaudiendo y animando. Lo mismo es cuestión del frío externo y del hecho de poder pasar calor viendo a gente correr y ejercitarse. Entiendo que es más cosa de cultura deportiva, con un fútbol que no llena y nubla las ilusiones de todos los niños. Sin embargo, ambos deportes, tenis y atletismo, van unidos por la teoría de las 10.000 horas, con la variable del dinero que mueve uno y otro deporte. Aunque, si eres una estrella en ambos deportes, ese matiz desaparece.

Las 10.000 horas significan el tiempo necesario de entrenamiento, o la experiencia acumulada en una actividad determinada, que una persona necesita para lograr destacar en algo. En este caso sería la base de entrenamiento, durante sus años jóvenes, de un deportista de élite para llegar a ésta. Pensemos por qué El Gerruj, Coe, Fermín Cacho, Bubka, Gebresalassie, Isinvayeba, Bekele, Nadal, Messi, Bolt o Phelps son tan grandes… (continuación en Sportyou).

[En NdF | Del hedonismo de Reyes al compromiso de Fernando Torres]

Esto no es fútbol: El regreso de Kurt Warner

La mentalidad de la sociedad americana, y en concreto la del deporte americano, vive de crear leyendas, de llevar a los altares a los deportistas que luchan contra su destino y logran el éxito. Me entero de la historia de Ken O’Brien, quarterback de la NFL en la década de los 80 y principios de los 90, que al inicio de su carrera era interceptado con bastante frecuencia en sus lanzamientos. Para tratar de atajar este problema, a un abogado listo del club se le ocurrio redactar una cláusula en el contrato de O’Brien, penalizándole cada vez que le interceptaran. ¿Qué sucedió después? Que ante tal grado de confianza demostrado por su club, O’Brien reaccionó de la manera que se podía esperar ante semejante incentivo, paró de lanzar el balón, y se dedicó a jugar a base de carreras. Evidentemente, no pasó de ser un nombre más en la lista de profesionales que jugaron en la NFL.

La SuperBowl XLIII es la del regreso del gran Kurt Warner. Sus últimos años de carrera tienen su imagen en lo que le ocurrió a nuestro O’Brien. Aquellos que un día le encumbraron y perdieron la confianza en él. Vuelven las historias que siempre le han acompañado para engrandecer su leyenda: aquel jugador profesional que no encontraba equipo y se tuvo que ganar la vida un año cargando cajas en un Wal-Mart. De nuevo la historia del jugador que en la temporada 1998 entró como tercer quarterback de los Saint Louis Rams y que en la temporada de 1999, con sólo un partido de experiencia, fue pieza clave en la temporada, hasta ser MVP de la liga con unos registros sorprendentes para alguien con tan poco nombre, y conquistar la Superbowl del 2000. El chico de provincias convertido en héroe. El ideal del sueño americano… (continuación en sportyou).