Cuando la demanda busca oferta

Recupero esta reflexión de hace unos días de Carlos Boyero en su columna del El País titulada “Manipulación“, donde a nivel de consumo televisivo muestra que los “corsarios” lo único que hacen es buscar oferta para su demanda. Cubrir una necesidad de mercado, vamos.

Las mentiras cotidianas a los demás y a uno mismo están perdiendo su coraza. Todo es turbio, perverso y fascinante (como siempre) en la tercera temporada de Mad men, un premio a la infinita paciencia de los que no sabemos piratear en Internet ni somos capaces de seguir una obra de arte a razón de un capítulo por semana y a hora fija en su programación televisiva. Pero también puedes hacerte viejo esperando que las avispadas distribuidoras decidan ponerlas a la venta en DVD. La última y maravillosa temporada de The wire, que TNT emitió en España a finales de 2008, sigue inédita en el mercado de este país. Lo cual hace obligatorio que los cinéfilos se hagan corsarios, que saqueen en la Red lo que no pueden comprar en la tienda.

Cómo ver el Mundial por Internet y en alta calidad

El deporte y el fútbol no es ajeno a la crisis. Retransmitir un evento deportivo como el del Mundial de Fútbol implica, para las cadenas de televisión que deciden hacerse con los derechos, pagar una elevada suma de dinero que se debe rentabilizar de alguna forma, o recuperar cuanto menos. Dado que a día de hoy no se entiende la retransmisión del fútbol sin pasar por taquilla, especialmente para los partidos que no despiertan un mínimo interés para las televisiones, supone, si no se disponen de los medios adecuados, bajarse al bar de tu barrio y disfrutar de compañía para poder saborear ese partido de fútbol que ha despertado tu interés, por mucho que a uno no le apetezca compañía, conversación y quiera disfrutar de la comodidad de su salón.

Lo que no tiene en cuenta el universo de la televisión deportiva de pago es anotar en su agenda lo que puede llegar a ofrecer la inmensidad de la red de redes, sobre todo, respetando una de sus máximas: no se puede poner puertas al campo. Resulta que aquellos partidos que no se emiten en abierto, porque se supone que no interesan a nadie, tienen su público, y que el mismo, pese a las muchas zancadillas que le pongan, se las apañará para disfrutar los partidos y no a cualquier coste. Por esa razón, alguien me tiene que explicar, quién tiene los derechos de retransmisión del mundial por Internet, o si alguien los tiene por qué no los emite, con lo que implica de oportunidad desaprovechada, y si estos no fueron comprados, por qué se persigue y se cierra la señal para aquellos que sí quieren verlos. [Leer más…]

Esto no es fútbol: A la hora de la siesta

“Como me joroben la siesta por los chinos… no vengo al fútbol”, comentó un aficionado en el último partido en el Bernabéu. “No puede ser normal, ya tragamos con el mando de las televisiones, decidiendo los horarios, como para tener que comer ahora en el estadio… Lo miren como lo miren, el fútbol siempre ha sido a las cinco de la tarde”.

Lo bueno de esto, reflexionando sobre la opinión del aficionado, y por buscar siempre el lado bueno frente al lado malo de las cosas, estaba en el cambio de poder a la hora de decidir los horarios. Éste, dado que ahora sí se van a disputar los partidos pensando en el horario chino, había pasado a ser potestad de los equipos. En realidad encerraba una mentira piadosa: sólo el Real Madrid y el F.C. Barcelona habían recuperado parte de ese poder. Los únicos partidos que en el fondo interesan.

El cambio de papeles venía motivado por la imagen que venía reflejando el espejo del fútbol británico, lo que la audiencia en Asia les había mostrado. Si países como China, Tailandia, Malasia, o algunas de las antiguas colonias británicas no tienen ligas potentes, el aficionado al fútbol buscará los partidos allí donde las estrellas mundiales jueguen, o les vendan que jueguen. Son seguidores de jugadores, no de clubes, con lo cual es fácil conquistar su interés. Todo lo contrario que en países con cultura y ligas interesantes para sus propios aficionados, como pasa en Sudamérica, un mercado más objetivo, en teoría, para nuestra liga. Sin dinero o con un mercado pudiente, también.

Pero claro, hay que facilitarles el trabajo. De siempre, el fútbol ha partido con un hándicap entre el aficionado no purista: el directo. Todo aquello que no estuviese incluido en esa variable, no era controlable. Por tanto, ¿a qué hora deberían jugarse los partidos para que en Asia se despertara su interés por seguir nuestros partidos? La hora de la siesta en el punto de mira para este mercado. ¿Y para los seguidores americanos? El desayuno. ¿Qué importa más? En principio sólo se habla de algunos encuentros, uno o dos por jornada. ¿Y qué partidos? No pondría la mano en el fuego para saber cuáles de esos partidos modificarán su hora de inicio… (continuación en sportyou).

Debate sobre la necesidad de una televisión pública

Ahora que el presidente Zapatero se propone instaurar una televisión pública sin publicidad, financiada mediante un canón a pagar por el resto de las televisiones privadas, recupero una entrada escrita en ¡Vaya Tele! hace tiempo que apuntaba hacia un debate sobre el sentido, en la sociedad actual española, de una televisión pública tal y como nos la dan hoy en día. Mi posición era clara y, con el paso de los meses, no ha cambiado lo más mínimo. A continuación os dejo con mi reflexión.

Propuso ya hace un tiempo Gonzalo Martín un debate sobre el sentido de la televisión pública en estos tiempos de Internet que vivimos. Mi postura es clara, a día de hoy, un no rotundo a la televisión pública. Tal y como está pensado el modelo de televisión pública en España, en clara competencia con el resto de televisiones en abierto en cuanto a programación no le veo sentido. La televisión pública debe primar la calidad por la cantidad, y más cuando vive en su mayor parte de las subvenciones. Si hace su trabajo a conciencia, mucho de los programas que prepare tendría su posible venta en el exterior, pero así no.

La virtud de los modelos de la BBC radica en que proponen un tipo de televisión que mima al espectador, y en cierta forma se debe al canon que pagan para financiar a este canal, y si no gusta tendrán quejas. Se emiten programas de interés público que no tendría cabida en otras televisiones, que no se deben más que a sus cuentas, pero que hacen lo que quieren porque son privadas en abierto. Ellas no se deben a la calidad del producto sino al nivel de audiencia. Con el paso de los años, uno ha comprobado que los mejores programas (y aquí no entra la variable audiencia), se han podido ver en los canales de pago, con los programas que uno esperaría ver en la televisión pública (documentales, cine clásico, programas culturales, de economía, reportajes, viajes, buenas series…), y en el caso de que hubiese algo que no gustase, al pagar el cliente estaba en su derecho a quejarse, hasta el punto de que si no le satisfacía renunciaba a seguir con el canal. De ahí el interés de mimar a sus clientes / audiencia.

En la televisión pública española, que curiosamente todos los españoles financiamos de manera encubierta, sin conciencia de hacerlo, y ante un modelo de televisión de pago no reconocido, de la que no podemos emitir ningún tipo de queja, ni amenazar con irnos sin pagar la cuota. Esa sensación de privacidad encubierta con el modelo de financiación aprobado, me hace ver que no tiene ningún tipo de sentido que siga existiendo TVE tal y como está pensada hoy en día.

Si se da más de lo mismo, y al mismo nivel que otros canales en cuanto a tipo de programación, el valor de servicio público de la televisión pública termina siendo un eufemismo. Y lo peor, es que en líneas generales, servicio público para muchos espectadores, es ver el fútbol en abierto, más allás de ser la voz del gobierno de turno. La idea, en realidad, no es esa. La virtud del archivo histórico de TVE es la posibilidad de acceder a él en Internet, y quizás ahí sí tenga sentido la validez de un modelo de televisión pública que respeta la razón por la que fue creada. Es decir, si existe la televisión pública de verdad, agradecería que alguien me lo dijese. De ahí mi negativa.

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El éxito de las series está en verlas como megapelículas

Hoy en la entrevista de Carlos Boyero en El País, dejaba una de sus perlas a una pregunta acerca las producciones de la HBO:

(…) HBO me parece la creadora del mejor cine que se está haciendo, aunque el formato sea la televisión.

Confirmando lo que comenta Boyero, que cine como el de toda la vida, el bueno, sólo se hace en la actualidad en la HBO, recupero una entrada de ¡Vaya Tele!, en la que comentaba que en realidad las series de la HBO son películas de larga duración.

Todo arranca de Los Soprano y de cómo pensaron sus creadores que debería ser la serie. La novedad residía en que no estábamos con una historia unitaria por capítulo, ni en una mini serie dentro de la serie, sino que la misma debía entenderse como una película de varios días de duración. Así, cuando hablamos de Los Soprano, The Wire, Mad Men, El ala oeste de la casa blanca o A dos metros bajo tierra, lo hacemos relacionándolo con unas películas con una duración de 81 horas y 46 minutos para Los Soprano, 60 horas y 45 minutos para The Wire, 18 horas y 6 minutos para Mad Men, 111 horas y 56 minutos para El ala oeste y 57 horas y 45 minutos para A dos metros bajo tierra.

Visto así, es entendible el éxito que tienen la descarga de sus capítulos y la venta de las temporadas completas de las series. Seguir su hilo argumental semanal cuesta porque la trama engancha de tal forma que el cuerpo pide más, lo que motiva que en muchos casos las sesiones de visionado de las mismas se calculen por horas y varios capítulos de golpe. De ahí la preferencia de sus seguidores y que salvo en raras excepciones, la realización de estas series no tiene sentido fuera de lo que son el círculo de las televisiones de pago. Las películas no tiene el mismo tirón.

Por esa razón, a la hora del planteamiento de las series, incluidas las nacionales, la idea de convertirla en una megapelícula, con muchos hilos argumentales es un paso adelante. Aquí pienso en Desaparecida y su éxito. La serie, los productores la pensaron como una película difícil de estrenar en el cine, pero tenían claro que debía ser una megapelícula. Ahí la apuesta. Ojo que no se trata de seguir los pasos de un culebrón, como sería Sin tetas no hay paraíso, cuenta la calidad también. Aunque megapelícula debería ser un término a tener en cuenta. Y pese a quien le pese, es cine por televisión.

Vía | Kottke